miércoles, 18 de junio de 2008

Día del Padre

Gracias a todas las lindas personas que me escribieron palabras de aliento mientras no encontraba mi anillo, de verdad me ayudaron a sentirme comprendida y apoyada. Ahora que ya lo encontré y ando bien contenta me ha regresado la inspiración para escribir. Mientras el anillo estaba desaparecido intente plasmar algo en letras pero no pude. No me gustaba lo que escribía. Pero ahora ya puedo contarles lo que hicimos el domingo para el día del Padre.
Ahora que las niñas han crecido, podemos salir a pasear y planear actividades que cuando eran bebes no nos eran posibles. Así que este año mi esposo y yo conseguimos bicicletas para poder pasear todos juntos. El domingo fue el primer día que salimos todos como familia a andar en bicicleta. Fue un día hermoso, una celebración diferente, hicimos algo como familia que nunca antes habíamos hecho y todos lo disfrutamos mucho. Paseamos en bicicleta por las brechas de terracería que hay en la colonia donde vivimos, las áreas verdes que dejaron sin talar cuando construyeron la colonia. De pronto, me sentí como perdida en el bosque, una sensación de emoción invadió mi cuerpo, como si de verdad estuviéramos en medio del bosque. La emoción de descubrir algo nuevo y diferente tan cerca de casa. La certeza de que comparto mi espacio urbano con animales silvestres, que viven prácticamente en el patio trasero de mi casa.

Admiramos la belleza del estanque de patos y guardamos un respetuoso silencio cuando vimos a una grulla parada en una estaca del puente. (Si dan click en las fotos se abren mas grandes. En la foto de arriba se alcanza a ver la grulla, en la foto de abajo está la libélula). Me sorprendió mucho ver una libélula color azul eléctrico, y al verla ella me miró con ojos redondos. De pronto, comenzó a dar saltos de hoja en hoja para nosotros y finalmente se acercó de nuevo un poco para dejarse fotografiar. Seguimos andando, en eso se escucharon relámpagos a la distancia, “¿Qué es eso?” nos preguntábamos. El camino por donde íbamos estaba soleado pero al voltear al cielo vimos las nubes de tormenta. Las niñas nos veían con ojos perplejos y asustados al darse cuenta de que se acercaba una tormenta. Su papa y yo les explicamos que la tormenta no se encontraba tan cerca porque podíamos contar varios segundos entre el momento en que el rayo se veía en el cielo y el instante en que oíamos el estruendo. Volteamos al cielo tantas veces que perdí la cuenta, observamos el movimiento de las nubes, sentimos el viento para ver hacia dónde el aire se llevaba las nubes. Lo peor de la tormenta nos esquivo y seguimos nuestro camino, perdiéndonos entre el bosque, tan cerca y tan lejos de casa. Sin embargo, la última nube de la tormenta repentinamente se abrió y la lluvia nos mojó absolutamente todo lo que traíamos puesto y mientras tratábamos inútilmente de refugiarnos bajo un árbol, yo no podía parar de reír. No se bien porque reía, pero creo que era de gozo, de estar viviendo ese momento tan único con mi familia. El sol salió en cuanto acabo la lluvia y vimos como el agua se empezaba a evaporar. Finalmente volvimos a casa agotados, medio mojados y algo enlodados, pero felices y seguros de que estos paseos los queremos repetir. Regresamos un poco más unidos como familia habiendo compartido esta aventura.

5 comentarios:

Karen dijo...

¡Qué hermosa experiencia! Sobretodo los lazos que se fortalecen y que nos hacen mejores familias.

Isa dijo...

Me da gusto que mantengan contacto como familia, sobre todo en contacto con la naturaleza que nos habla de nuestro gran Dios al cual pertenecemos.
Saludos porteños.

Anónimo dijo...

Que lindo Vida,hasta yo me moje y me rei con ustedes.Sin duda una experiencia hermosa y ojala y la sigan repitiendo =)!

GUSMAR SOSA dijo...

Hola, un placer, llegué aquí por medio del blogs de Brisa, estoy en momentos libres, así que ando leyendo blogs que unsualmente no leía, creo que pasaré más seguido, este post me ha hecho anhelar uno de esos momentos, es que hace meses no disfruto de un lugar tan natural. Saludos.

elim-el oasis de Eva dijo...

Que lugar tan bonito y que bien hacer cosas juntos como familia en medio de la naturaleza. Nosotros el pasado domingo estuvimos paseando cerca de una charca "artificial" (es lo único que hay cerca) pero los niños se lo pasaron muy bien ¡tirando piedras! (bueno, en realidad todos tiramos...)